viernes, 30 de octubre de 2015


"La gente vivía encantada en éste como limbo de la monotonía y la rutina.. La potestad paterna y sacerdotal eran tenidas como fuero divino. Los padres concertaban los matrimonios entre sus hijos y sus hijos se sometían.
La vida de estos magnates, sin política, sin finanzas, sin prensa, sin espectáculos, sin clubes, sin cafés, sin parrandas, tenía que apacentarse en los remansos de la religión y del hogar, con alguna sal idilla a sociedad. En efecto, se levantaban con el alba, desayunaban, iban a misa, volvían a tomar la media mañana, se iban al río, a pie o caballo, almorzaban a las ocho, echaban siesta hasta las 11, tomaban el piscolabis, daban otro trasiego, o bien a la una, iban a visitar al santísimo, tomaban la media tarde; se iban de caminata a las cuatro, con tertulia y paliqueo. A las seis rezaban el rosario, y si era en invierno, jugaban hasta las ocho o nueve, se llenaban y... A dormir. Si en el verano, salían de visita casi siempre con la mujer; el envuelto en su capote; ella en su mantellina, muy custodiados de dos negros, que los alumbraban con faroles. Y ¿se hacían aquellas señoronas, sin modas ni espectáculos? Rezar, comadrear, como ahora; y, a falta de bailes y teatros, lugar de noche que aquello era".

Tomás Carrasquilla

No hay comentarios:

Publicar un comentario